miércoles, 3 de julio de 2019

¿Buenos vecinos?

Vivo en una cuadra donde no hay buenos vecinos. A veces pienso que -seguramente- a muchos en el planeta les pasa de no tener gente agradable a su alrededor. Pero a mí me tocaron todos juntos. Tal vez sea una señal de algo que en esta vecindad deberé pagar. Por supuesto, y acorde con estos tiempos, no hay relación con ninguno. Entramos y salimos de casa con el tiempo suficiente que sirve para reconocerse entre todos y saber así que no son extraños merodeando la cuadra.  Con algunos, un “¡Hola!, ¿qué tal?” hace la distancia más corta. Claro que ninguno espera, porque no interesa la respuesta.
Pero no es conmigo el problema. Es la forma en la que se muestran lo que los hace parecer un poco… raros. Gestos y actitudes que nos hacen pensar que mientras más lejos, mejor.
Por ejemplo: está Raquel, quien tiene la tremenda manía de lavar la vereda, la calle y todo lo que se encuentre a su alcance con toda el agua que a Mendoza le falta. Como si sus ancestros fueran de las mismas entrañas de las Cataratas, esta hija del barrio les hace honor inundando el lugar como si esto no fuese un desierto. Pero va por más: desafiando las leyes que reglamentan horarios, posee el talento de hacer semejante fechoría en la franja durante la cual evidentemente no se debe hacer.  
También vive por acá Andresito, notoriamente de baja estatura, pero con una ganas de enfrentar a todo el que se le plante que realmente asusta. Andresito es matón y hace siempre mucho ruido; le gusta hablar a los gritos y si hay mujeres, mejor. Siempre busca pelea. En la cuadra nadie lo quiere y todos le temen.
Luego viene la Beba, divina mujer, tranquila, amable; vive sola y no molesta a nadie. Tiene su casa siempre en orden, solo que a la Beba se le olvidó un pequeño detalle: el de poner en la puerta de su casa, como hace casi toda la humanidad en esta tierra, un basurero o basurín. Entonces, como no cuenta con uno, ¿qué hace la Beba? Pues bien, traslada la basura (que consta de varias bolsas chiquititas) al basurero de la siguiente casa y, como una sinergia con la que riega, la Beba saca la basura a cualquier hora, menos a las 9 de la noche. Su casa está libre de basura ¿y la mía?... ¡Ella vive al lado de mi casa!
Por último -aunque quedan más vecinos, pero se termina este espacio- está Oscar, sujeto que tiene la brutal obsesión de barrer, siendo el otoño su temporada fuerte, y a las 2 de la mañana -sí, ¡2 de la mañana- la cuadra completa. Al terminar pone las hojas en cajas y las ubica en la mismita bicisenda, de tal forma que venga un ciclista desprevenido y termine con la ñata contra el piso.
Acá finalizo el horario de protección al vecino. Me hubiese gustado fantasear un poco, pero en realidad esos son algunos de los míos.
Sí, ya sé… te dieron ganas de ir corriendo y abrazar al tuyo. Hazlo, que siempre los hay. Y peores.

jueves, 25 de octubre de 2018

Cero imaginación

¿Te pones tacos para limpiar? Le preguntó el marido a Vicky mientras desayunaban. 
Ella lo miró sorprendida, a la vez que pensó, que seguro no quiso decir lo que dijo. 
-No, no voy a limpiar, le aclaró, voy al médico. 
Él bajó la cabeza y siguió tomando el café, mientras miraba el celular.
A Vicky se le revolvieron un poco las tripas, últimamente esa sensación de angustia y bronca, le viene seguido. 

Pero no quiso profundizar, ella tiene miedo de indagar en algunos temas que hace tiempo la persiguen.
Pensó en sacarse los tacos, no esperaba esa reacción.

Si, es cierto,  quería sorprender, porque nunca usa tacos para desayunar, pero no era lo que imaginó.
Igual a Vicky, la imaginación le anda fallando



lunes, 8 de octubre de 2018

La Beriso: un pecado capital

Mi estadía en un recital de sábado en el Arena Maipú, duró apenas algo más de una hora. Aquí el  comentario de una noche inconclusa.
¿Quién no tiene un vecino que escucha La Beriso al palo? Siempre tenemos a algunos cerca. Bueno el sábado, en el Arena Maipú, estaban todos juntos. Una de mis grandes intrigas por lo  que decidí ir a verlos es que quería saber qué tipo de público asiste a esos shows. Y es ahí que pensé si ese vecino -algo mayor- que pone los fines de semana el disco Pecado Capital a todo volumen en el barrio no vivió los 20 años del grupo, si los acompañó a  celebrar “tantas noches de gira” de la banda.
La Beriso es una banda que se caracteriza por las letras de sus temas,  no precisamente por la música. Algo limitados en lo musical pero -y a favor de ellos- saben brindar dignamente un show. Son laburantes y eso se nota. Ahora bien, que quede claro que aquel que fue a l recital  y pagó su entrada la pasó bien.
Las canciones están cargadas de sentimientos, estrofas dedicadas a la soledad, a una ausencia que provoca tanta tristeza refugiada en un estribillo.  Prosas que impulsan un encuentro con ese ser querido que perdimos. Y  todos tenemos a quien dedicarle esas melodías. Entonces las almas presentes, en el concierto, realizan una especie de catarsis que permite que salgas del lugar más aliviado.
A tal punto es la entrega sobre el escenario que Rolo dedica pocas palabras al público, las correctas ante de cada canción. Al fin y al  cabo es lo que queremos cuando vamos a un recital.
Créanme  que cuando  interpreta  “Sobreviviendo” -y como una ironía- fue uno de los momentos más para “arriba” de la noche, y le cae también bien a la banda ese tema… Con su voz tan particular cantando “cuanta tragedia sobre esta tierra” hace pensar que Víctor Heredia la compuso pensando en ellos.
Con una tribuna completa y un campo donde se podía caminar tranquilamente, las 3.000 personas que disfrutaron de esa noche tuvieron además un plus y es que Marciano Cantero y Felipe Staiti  cantaron Ingrata junto con La Beriso.  Un gran honor para la banda de Avellaneda de compartir un tema con los integrantes de una de las bandas más reconocidas en Latinoamérica.
Por último, algo  más pudo contribuir a mi huida del lugar: nunca entenderé por qué la persona que estaba a mi lado lado, sumó al placer de escuchar su banda favorita el placer, para él, de prenderse un cigarrillo.  Muchos  son los que hacen cómplices al resto de  algo  que no está permitido, además del olor en la ropa que te queda... ¡son infumables!
Ni hablar de las señoras que filman o toman una foto con el flash a full en las nucas de los presentes. Filmaron una nuca chicas, por favor, ¡pónganse las pilas! En un show con millenials no sucede.
Lo cierto es que pasado más de la mitad del show, sentí que era suficiente para mí. De manera apropiada me fui de ese lugar, claro que colmada de los acordes que cumplían veinte años. 

viernes, 6 de julio de 2018

Vacaciones de invierno: la mejor guía para salir con los padres

(Se sugiere la compañía de un niño para leer esta columna)
Qué rápido pasa todo ¿no? De pronto tenemos medio año en nuestras espaldas y sin pensar nos encontramos en las puertas de las vacaciones de invierno. Antes, el receso era solamente escolar. Pero eso ha cambiado y para estar más con sus hijos- ¿qué hacen los grandes?: guardan una semanita de verano para disfrutar ahora con sus pequeños.
A continuación, elaboramos  una guía para saber que hacer con los padres estas vacaciones
1) El primer día (y con suerte el segundo) los dejarán dormir para que descansen de los madrugones. Al tercero (y ya con el miedo a que se acostumbren a las sábanas) los  despertarán con cualquier excusa. Jugar con la nieve, con suerte, puede ser una.
2) Como una agenda organizada, la pregunta de cada día será:¿qué podemos hacer? No respondan porque la intención de ellos será alejarlos de todo lo que tenga pantalla: tablet, celular, tele y compu se convertirán en el enemigo a eliminar.
3) Lugares como la montaña, el parque, el acuario (por suerte ya no hay Zoo) y todo lo que sea naturaleza toma relevancia. Sacarlos del sillón y que se bañen serán los objetivos. La gente mayor siente que ustedes deben “airearse” porque viven encerrados.
4) El cine puede ser una opción pero si los hacen sacar cuentas de lo que gastarán tal vez desistan. “Si el pororó se hace en casa y Los increíbles (la uno) la pasan en la tele”, dirá mamá.
5) Deben saber que la play y los juegos en la compu les producen un gran rechazo a vuestros progenitores en vacaciones. Basta que los vean con un joystick en la mano para correr a buscar el Estanciero o Carrera de mente  y les enseñen a jugar. Que esto no suceda. Son juegos interminables y ellos siempre tienen que ganar.
6) Algunos papás insistirán con la visita a un circo. ¡Importante! acá no la pasarán mal  y  harán feliz a ese niño que vive en un cuerpo grande.
7) Títeres, obras de teatro y a todo lo que la ciudad ofrece intentarán llevarlos. Pero si no les gusta saben que hacer: un buen berrinche y pedir ir al baño en el mejor momento de la historia. Nunca falla.
8) La estadía en casa de los abuelos sin internet no está mal, ahí no hay horarios y se come rico. Salís a andar en bici o jugar a la pelota con el vecino.
9) Recomendaciones para los que tendrán a las tías voluntarias y ansiosas de llevarlos a cuanta actividad gratis haga el municipio: no decir que feo ese señor, porque puede ser el intendente y si tienen nombre como “Escuela de invierno” no se depriman y vayan tranquilos (si quieren).
10) Puede que se encuentren haciendo bolitas de chocolate y dulce de leche porque está bueno aprender a cocinar. Calma, que esto también pasará.
Serán solo dos semanas de estar bajo la mira de los más grandes. Mucha paciencia  y disfruten de las vacaciones. Ya tendrán tiempo de hacer lo que quieran, cuando ellos vuelvan a su trabajos.

lunes, 4 de junio de 2018

Todo a media luz

Con los aumentos de las facturas de suministro eléctrico, las ideas nos iluminan y el único gasto de energía será pensar cómo hacer para vivir en modo “bajo consumo”.
De pronto me encontré contemplándola y esperando que rápidamente calentara el agua. Si, hablo de la ahora “maldita pava eléctrica”, esa que durante años nos salvó de miles de situaciones como: apurar el agua de los fideos en un almuerzo a contramano, hacer un te para la que no le gusta el mate y tantas otras cosas. Una aliada se nos convirtió en una enemiga -como si fuese la última en enterarme- porque parece que la resistencia de la susodicha gasta más electricidad que la permitida en estas épocas. Porque ahora hemos vuelto a cuidar las cosas como cuando éramos  chicos y tu madre te gritaba “apaguen la luz de la pieza y a dormir que ya es tarde”… En las charlas familiares descubrís que ya nadie usa pava eléctrica… solo yo.
¡Lo que faltaba! volver a la de aluminio, o a la eterna de acero inoxidable. Poner a calentar el agua en la hornalla o posarla en las brasas de la estufa a leña y estarás cumpliendo con la moda de este invierno 2018.
A guardar en el fondo del armario todo lo que dependa de un cable en la cocina. ¿Quién no volvió con una pava bajo el brazo desde Chile para regalársela a la suegra? ¿O que suegra no te la trajo cuando se fue de vacaciones? No hace tanto que abrazábamos los combos de pava y tostadora casi como un vuelto, al comprarnos la tele, ¿te acordás?
Si, mejor olvidar por un tiempo todas esas municiones gastadoras de voltios. Todo ese arsenal que ahora nos amenaza y usamos con desconfianza.
Debemos ser cuidadosos y saber que hay cosas que no se pueden hacer como dejar la puerta de la heladera abierta gasta mucho (sugerimos recordar lo que hay para abrir y cerrar fugazmente). Si salimos, ya no dejamos luces prendidas en la casa y esto ayudará a la confusión de no saber cuándo hay gente (es que la casa habitada también estará a oscuras…).
De niños, mirábamos la tele con las luces del comedor apagadas, “como en el cine” nos decían, Bueno chicos, el cine llegó otra vez a casa. 
¿Quién descubrió que buena está la linterna del celular? ¡Felicitaciones!
Volvieron las ondas naturales, nada de secador y mucho menos planchita (mamá tiene razón, el pelo lacio no se usa más).
Nuestra lamparita del ingenio se encenderá y  batiremos la mayonesa casera con dos tenedores, el microondas desenchufado y el café más rico será el de manga, por supuesto.
Son tiempos de vivir a media luz pero siempre con el brillo de los ojos iluminando el camino.
¿Y el gas?
El gas, viene el mes que viene.

Desde arriba y a los gritos


Creo que se sentía dueño del mundo, pero no como la última Coca Cola del desierto, no así... Más bien como alguien que desde ese lugar podía tener el control de las cosas o, mejor dicho, de la cuadra. 
Y ese lugar era una terraza, una gran y amplia terraza, en un primer piso. Un buen sitio, cómodo, donde todas las puertas de la casa conducían a ella. Por más que no quisieras todo terminaba ahí. 
Y él se fue dando cuenta. 
Además de amurar una especie de parrilla para los asados, una buena mujer, una hija creciendo y la vista privilegiada de la morada, todo estaba dado para ser feliz, y el pibe lo era. Daba cuenta de sentir esa sensación de lo lindo que es tener todo al alance. 
Y lo expresaba... todo el tiempo. Un intenso que fue llevándome, involuntariamente, a compartir tanta dicha. 
El sujeto pasaba mucho tiempo allá arriba. Y desde arriba y a los gritos organizaba su vida y casi la mía. Mandaba saludos, hacía fiestas, cumpleaños, almuerzo familiares de domingos. 
"Ey ¿vo que te hacé?",  "¿Cuando nos juntamos, cagón?",  "¿Te queda pan?", "¿Sentiste el temblor?", "Esperaaaa... que ahora bajo!!!"
Todas, absolutamente, todas sus dudas, las evacuaba desde el aire. 
Un joven con ganas, pero con muchas ganas. Tiraba coordenadas como un profe de gimnasia pero de una de clase exigente, alentando sin parar para marcar el ritmo. 
Los fines de semana eran más agresivos. El silencio de las primeras horas de la mañana hacía que sus epítetos me despertaran a los sobresaltos. "¿Nos juntamos esta noche?", "¿Tenés huevos?" y otros más eran los cantos de este gallo mañanero.
Hasta que, sin darme cuenta, comenzó a pasar. Y un día noté su ausencia. La tranquilidad se respiraba en el ambiente, como cuando en casa se duerme un bebé y no se escucha más su llanto. Dejó de vociferar y nació un silencio, tan exquisito y presto a disfrutar. 
No supe bien que pasó, no gritó su despedida, no contó sus planes. Imagino que se fue en puntas de pie, cosa de no molestar.

Ahora el primer piso está vacío y no saben lo bien que se siente desde acá abajo.

miércoles, 25 de abril de 2018

Tiempo loco

Pocas veces en la vida se nos presenta tamaña incertidumbre de saber cómo vestirnos para enfrentar estos días. A la mañana hace frío y a la tarde el calor es insólito. Observamos a la gente por la calle y nos damos cuenta que elegir la ropa es todo un trabajo. Algunos se resisten a despedir el verano y otros, ansiosos, anticipan un crudo invierno.
No sabemos desde cuándo pero hemos incorporado -como un hábito- tener la información del tiempo para salir de casa. Es más que un tema de conversación; juega un papel primordial a la hora de decidir con que ropa vestir.
Son dos los momentos en el año en la que nos encontramos indecisos: en la primavera donde “no tenemos que ponernos”; y en otoño, cuando alguien en la familia lanza al aire y a los gritos: “¿Hace frío?” antes de salir a la calle.
Entonces, comenzamos a ver una moda en una pasarela improvisada.
He aquí, algunos mandamientos a tener en cuenta:
1) Hombres: esposos, hermanos, hijos, vecinos y demás con campera chorizo, sepan que el momento que comienzan a usarla es crucial, porque no se la sacan más. Así seguirán hasta octubre que aflojan... un poco.
2) Mujeres: cuentan con mi admiración por tener tan a mano el saco largo de lana y las botas a estrenar, esas compradas en la liquidación de agosto pasado (no tengo mucha ropa pero debo ser de “armario chico” porque me lleva un tiempo sacar lanas, botas y ponerlas en uso).
3) Mamá: deberás aceptar que el buzo se perderá en el colegio. Lo publicarás en el grupo de padres, pero de nada servirá. El frío tan temprano y el regreso del niño en remera, serán  los culpables.
4) Papá: deberás saber que la indicación: “Si tenés frío decile a la maestra” no será suficiente. La criatura, tal vez, termine en la sala del pediatra con fiebre y la acusación: "El padre la viste para ir a la escuela pero… de verano".
5) Jóvenes: que andarán en remeras o con esa camperita finita durante todo el año, sepan que -para nosotros- están perdidos. Igual seremos inquisidores y preguntaremos, eternamente, si tienen frío.
6) Mortales: todos, haremos lo que se pueda para enfrentar el frío, la moda y el zonda. Como mi amiga que, el otro día, fue a trabajar con  un pañuelo al cuello, de color verde y  todavía está dando explicaciones si está a favor o en contra de la vida misma.
No es fácil pensar y menos pensar cómo vestirnos, con este tiempo loco que nos apunta y tratamos de esquivar.
Si al final solo somos almas desnudas que andan por la vida