lunes, 4 de junio de 2018

Desde arriba y a los gritos


Creo que se sentía dueño del mundo, pero no como la última Coca Cola del desierto, no así... Más bien como alguien que desde ese lugar podía tener el control de las cosas o, mejor dicho, de la cuadra. 
Y ese lugar era una terraza, una gran y amplia terraza, en un primer piso. Un buen sitio, cómodo, donde todas las puertas de la casa conducían a ella. Por más que no quisieras todo terminaba ahí. 
Y él se fue dando cuenta. 
Además de amurar una especie de parrilla para los asados, una buena mujer, una hija creciendo y la vista privilegiada de la morada, todo estaba dado para ser feliz, y el pibe lo era. Daba cuenta de sentir esa sensación de lo lindo que es tener todo al alance. 
Y lo expresaba... todo el tiempo. Un intenso que fue llevándome, involuntariamente, a compartir tanta dicha. 
El sujeto pasaba mucho tiempo allá arriba. Y desde arriba y a los gritos organizaba su vida y casi la mía. Mandaba saludos, hacía fiestas, cumpleaños, almuerzo familiares de domingos. 
"Ey ¿vo que te hacé?",  "¿Cuando nos juntamos, cagón?",  "¿Te queda pan?", "¿Sentiste el temblor?", "Esperaaaa... que ahora bajo!!!"
Todas, absolutamente, todas sus dudas, las evacuaba desde el aire. 
Un joven con ganas, pero con muchas ganas. Tiraba coordenadas como un profe de gimnasia pero de una de clase exigente, alentando sin parar para marcar el ritmo. 
Los fines de semana eran más agresivos. El silencio de las primeras horas de la mañana hacía que sus epítetos me despertaran a los sobresaltos. "¿Nos juntamos esta noche?", "¿Tenés huevos?" y otros más eran los cantos de este gallo mañanero.
Hasta que, sin darme cuenta, comenzó a pasar. Y un día noté su ausencia. La tranquilidad se respiraba en el ambiente, como cuando en casa se duerme un bebé y no se escucha más su llanto. Dejó de vociferar y nació un silencio, tan exquisito y presto a disfrutar. 
No supe bien que pasó, no gritó su despedida, no contó sus planes. Imagino que se fue en puntas de pie, cosa de no molestar.

Ahora el primer piso está vacío y no saben lo bien que se siente desde acá abajo.

miércoles, 25 de abril de 2018

Tiempo loco

Pocas veces en la vida se nos presenta tamaña incertidumbre de saber cómo vestirnos para enfrentar estos días. A la mañana hace frío y a la tarde el calor es insólito. Observamos a la gente por la calle y nos damos cuenta que elegir la ropa es todo un trabajo. Algunos se resisten a despedir el verano y otros, ansiosos, anticipan un crudo invierno.
No sabemos desde cuándo pero hemos incorporado -como un hábito- tener la información del tiempo para salir de casa. Es más que un tema de conversación; juega un papel primordial a la hora de decidir con que ropa vestir.
Son dos los momentos en el año en la que nos encontramos indecisos: en la primavera donde “no tenemos que ponernos”; y en otoño, cuando alguien en la familia lanza al aire y a los gritos: “¿Hace frío?” antes de salir a la calle.
Entonces, comenzamos a ver una moda en una pasarela improvisada.
He aquí, algunos mandamientos a tener en cuenta:
1) Hombres: esposos, hermanos, hijos, vecinos y demás con campera chorizo, sepan que el momento que comienzan a usarla es crucial, porque no se la sacan más. Así seguirán hasta octubre que aflojan... un poco.
2) Mujeres: cuentan con mi admiración por tener tan a mano el saco largo de lana y las botas a estrenar, esas compradas en la liquidación de agosto pasado (no tengo mucha ropa pero debo ser de “armario chico” porque me lleva un tiempo sacar lanas, botas y ponerlas en uso).
3) Mamá: deberás aceptar que el buzo se perderá en el colegio. Lo publicarás en el grupo de padres, pero de nada servirá. El frío tan temprano y el regreso del niño en remera, serán  los culpables.
4) Papá: deberás saber que la indicación: “Si tenés frío decile a la maestra” no será suficiente. La criatura, tal vez, termine en la sala del pediatra con fiebre y la acusación: "El padre la viste para ir a la escuela pero… de verano".
5) Jóvenes: que andarán en remeras o con esa camperita finita durante todo el año, sepan que -para nosotros- están perdidos. Igual seremos inquisidores y preguntaremos, eternamente, si tienen frío.
6) Mortales: todos, haremos lo que se pueda para enfrentar el frío, la moda y el zonda. Como mi amiga que, el otro día, fue a trabajar con  un pañuelo al cuello, de color verde y  todavía está dando explicaciones si está a favor o en contra de la vida misma.
No es fácil pensar y menos pensar cómo vestirnos, con este tiempo loco que nos apunta y tratamos de esquivar.
Si al final solo somos almas desnudas que andan por la vida

viernes, 2 de febrero de 2018

Atrapados sin salida

¿Por qué nos cuesta tanto irnos de los grupos de whatsapp, con lo útiles que son? Además de la ironía, te ofrecemos dos posibilidades: hacer terapia hasta llegar a la parte de “problemas para sociabilizar” o seguir leyendo esta columna.

Bien ahí, ¡buena elección!

En algún momento de nuestras ocupadas vidas se nos cruzó el dilema, la inquietud de cómo hacer para dejar algún grupo de whatsapp. Como una sentencia, lo afirmo: ese momento no es nada fácil. Podemos cruzarnos de vereda si no tenemos ganas de saludar, podemos en una fiesta “circular” todo el tiempo para no encontrarnos con esa persona, podemos quedar mal de mil maneras, pero jamás en whatsapp. Lo pensamos, ensayamos despedidas, escribimos y borramos mil veces ese mensaje para que parezca creíble. No sucede, y el cartel que reza “Saliste”  no está al alcance de todos como muchos piensan.

Alguien te añadió al grupo  
Los grupos -claramente- han llegado a nuestras vidas para alimentar cierta morbosidad y que el hablar con otro de otro sea más divertido. Si no, nada de esto tiene sentido. Un verdadero caldo de cultivo, un círculo vicioso de donde -ya lo dijimos- no es fácil salir.
Algunas cosas están preestablecidas, como un contrato: todos sabemos que si sos parte de un grupo, indefectiblemente hay subgrupos. Cuando "se arma" lío entre dos en la sala, hay otros hablando, en la parte del fondo.
Entonces, toman vida las frases como "¿Viste lo que le dijo?" o "¡Qué horrible sale en esa foto!" o "¿Y esta, qué se cree que nos va a mandar a todos?". Un derrotero de conclusiones y criticas. ¿A quién no se le escapó un "disculpen, me confundí de grupo"? Esa frase ha salvado vidas.

En línea
Ese es el estado ideal, disponible siempre para todos los grupos; claro que no son iguales y cada uno requiere de atención especial.

Hacemos el top 5 de los más usados

5. Grupo de padres del colegio. Utilidad: pasar la tarea cuando el niño falta a clases, comunicados en caso de una reunión a la que no fuiste, campamentos y/o salidas del colegio. Algo fundamental en este grupo es, cuando termina el cumple de tu hijo, mandar mensaje de agradecimiento por llevar a sus hijos. Luego, esperar las respuestas generosas por la hermosa fiesta y el juguete en la bolsa de las sorpresitas. Los miembros más activos son las mamis. Sepan los papis que caen gordos cada vez que sugieren algo.
4. Grupo de la primaria y secundaria. Temido, pero a todos nos llega este grupo. Acá no hay término medio: el que siempre fue un inmaduro de bromas pesadas sigue igual, nada más que con panza. Y los que cambiaron se fueron más allá del infinito. Irreconocibles, a tal punto de que muchos deben presentarse otra vez: “Ey, soy el Rulo”, dirá el pelado de la foto, o Sandrita, que está igual a su mamá. Y listo. Ya tenemos un lugar donde mandar los chistes malos y las cadenas de los otros grupos.
3. Grupo de compañeros del laburo. Este es de cuidado. Y más si está el jefe (aunque el sujeto se limita solo a un frío “OK” como respuesta a todo). Cuando esté de buen humor, hará el “me gusta” con el pulgarcito para arriba y no dará para más. ¡Atención! Que sigas en ese grupo siempre será una buena noticia.
2. a) Grupo del fútbol y/o asado. Qué decir que no sepan. Acá está el de las fotos prohibidas y los chistes más fuertes. Utilidad: además de reír solo frente a la pantalla, se usa para coordinar día y hora para jugar o comer.
b) Grupo de amigas. Como el anterior, pero con perfume. Está la que manda fotos de hombres que con poca ropa desean un feliz fin de semana. La que casi todo lo comparte: ofertas, lugares y comidas. La que arma juntadas para tomar cerveza. Y la encargada de poner color con corazones que laten y besos de colores. Este lugar reúne a casadas, solteras, divorciadas, jóvenes y adultas. Todas iguales bajo el mismo grupo.
1. Grupo de la familia. Mamá, papá, Nico, Guada y tú. Las charlas en este grupo son las que se dan en la mesa familiar. Es una extensión de la sobremesa.
Y así, pasito a pasito, construimos nuestros mundos donde nos miramos, conectamos, divertimos, compartimos, sufrimos y peleamos. Un lugar donde entrar es fácil, pero salir es de valientes.


martes, 23 de enero de 2018

Un asado para los amigos

Mucho tiene que ver, esto de ser argentinos con el asado, y la relación directa que hay con la amistad. Por mi barrio, si uno dice asado, dice: Amigos. En casa, cuando pensamos en unas entrañas a la parrilla, pensamos a quién le avisamos. Mi buena memoria dice, que no cree que, alguna vez haya dicho, NO a un asado.
Es esa comida, que hace de un momento una de las cosas más lindas de la amistad. Conozco, por ejemplo, a un grupo de amigos, que se reúnen bajo el nombre “El Club de la costilla” aunque la mayoría de las veces coman otra cosa. Pero, el concepto de asado y amigos está claro, van juntos.
Todo bonito, lo afirmo y lo reafirmo, pero a veces hay vueltas en la vida, que te muestran qué tan amigos son, los que te rodean. Es cuando, nos encontramos, por cualquier circunstancia, impedidos de la parrilla.
Créanme, que están contados con los dedos de la mano, aquellos dispuestos a preparar un asado para vos, que andás puchereando un vacío.
La amistad puede seguir intacta, pero en realidad, las invitaciones, no sobran.
Acá está, lo que el asado nos dejó:
-Los que, están tan cansado de comer asado, y cuando te invitan, para relajar un poco, hacen otro  tipo de comidas, algo al horno... que se haga solo.
Los gourmets, que disfrutan de mostrar sus artes culinarias  y apenitas podes saborear algo a la parrilla, pero será una delicatessen, y a la luz de las velas, alcanzas  a capturar un trozo de... berenjena asada  
Los que hacen asado  todo el tiempo y cuando sirven largan un  "uyyy, podríamos haber invitado a los chicos... pero bueno seguro tienen otros planes" se tranquilizan rápidamente
Los que creen que no comés más asado porque, te encontró un día paseando por esas ferias de hamburguesas de lentejas y jugos de papaya. Entonces, decretan que dejaste la carne, sin sospechar, que con un pedazo de punta espalda serías la persona más feliz
Los  que hacen asado y no te invitan porque seguramente, ayer comiste asado
Los que te invitan y llegas y es todo puro cerdo, todo bien con el cerdo pero...
Idem  con  el pollo...
Los que creen que la pizza a la parrilla es lo mismo
Los que creen que el asado es para el fin de semana, chicos cualquier día le sienta bien
Los que  te sirven de "a puchitos" y van y vienen todo el tiempo a la parrilla, porque  así no se enfría
Los atentos que dicen: Tengo cocido, jugoso y demoran con la pregunta ¿cómo lo prefieren? ¡Andá! que el asado es uno solo.
Los que hacen muchas ensaladas
Los que no hacen ensaladas
Los que siempre, a la hora que llegues, está  solo el fuego
Los que lo tapan con diario (que carajo es eso)
Los que hacen "vientito" con los diarios, soplando al mismo tiempo
Los que son amigos del carnicero
Los que ceden media parilla para el pan y las verduras  (ese espacio no se recupera)
Y los que cada vez que te ven te dicen ¿y, cuándo un asadito?

Un Aplauso y ¡Salud!

¿Qué le ven a Mendoza en enero?

Las noticias nos hablan que turistas llegan a la ciudad para sus vacaciones. Me encuentro con ellos, los observo, los escucho y me compadezco.
Acá, te cuento como es enero para pasear en la Ciudad de Mendoza.
Vivo en una zona de hoteles y agencias de viajes, por lo tanto puedo palpar el ritmo del turismo en Mendoza. A simple vista sé, según  la época del año, qué tipo de viajero nos visita. En los meses de invierno es fácil detectar a los gringos y europeos atraídos por la nieve. Los fines de semana largos es muy seguro que sean de otras provincias: Salta, Córdoba, Buenos Aires... La constante, durante todo el año, es la grata presencia de los vecinos chilenos por ejemplo. Y -por último- la temporada a full es durante la Fiesta de la Vendimia, donde salís y en el barrio, a cualquier hora, se escuchan varios idiomas.
Pero, para mí, los turistas de mes de enero por las calles mendocinas son únicos ¿A la city en enero?  El hotel de la vuelta está por estos días repleto. Es muy común en las tardecitas ver a familias que vuelven cargando las heladeritas y  mochilas después de un día de montaña a descansar al hotel.
Permítanme decirles que despiertan mi curiosidad, aquellos que dicen “En enero vamos a Mendoza”. Es que el calor es insoportable y en la noche no refresca porque no hay lluvia que lo haga; la  ciudad muestra una parte en calma porque muchos se van y el mal humor de los mozos en los bares, especialmente en zonas turísticas, es insufrible. Si la hacés gasolera y vas al supermercado todo es lento: la enorme fila para pagar, el sistema, la cajera... Mucho tiempo perdido por una lata de cerveza  y un paquete de fideos.
Hay actividades gratis que ofrecen pero... -entre nosotros-: ¿si viajás a otro lugar subirías a la terraza de un edificio municipal  por una copa de vino? Viéndolo de esa manera no es muy atractivo. Y ni hablar si en  la familia deciden darse el gusto de ir a un restoran para maridar el manjar criollo con un buen vino mendocino. ¡Olvídate! Te encontrarás llamando a un familiar para que te envíe dinero. Y si por un descuido caminando por avda.  Las Heras se te ocurre entregar ese billete de mil por una caja de chocolates y el mate que dice Potrerillos ¡Ya fue! podés dar clase sobre economía y como pelearle a la inflación.
Si esa noche no pueden salir porque llueve, desde la ventana del hotel observarás -con asombro- como, en segundos, somos Venecia.
“¡Qué ciudad tan completa!” dirás mientras abrazas a tu pareja.
Así imagino que pasan las vacaciones en nuestro lugar. Que madrugan porque el día en la montaña se aprovecha. Luego viene el momento destinado a las bodegas con el agregado ahora de la ruta del Oliva,  donde terminarán “sopando” pedacitos de pan en aceite y sintiendo la pimienta y el romero en semejante hallazgo.
Luego, al hotel a volcar, sin arena, todo el cansancio y cuando vas quedando dormido, la piel te comienza a arder porque eso de estar en la Tierra del Sol... Una ducha y derechito a la calle, a tomar algo “fresco” en las veredas calientes de la Arístides. No corre nada de brisa y te vas a dormir, no sin antes poner la pastilla en el aparatito que -por fin- el conserje del hotel (para nada simpático), te consiguió. ¡Ah! y rogá que antes de llegar los niños no griten cuando pasan por las heladerías, esas dos enfrentadas en las esquinas y que no aceptan Ahora 12
No sé qué le ven a Mendoza en enero, y no me hablen de festivales ni Vendimias que el turista casi ni se arrima. Viene por la aventura y… pensándolo bien ¡vaya si la tiene!
Lo cierto es que por estos días tenemos muchas visitantes de otros lugares en nuestra ciudad. Extraños, ajenos a nuestra idiosincrasia, valientes que nos eligieron para descansar de su rutina. Entonces, si los ves caminando por ahí, se amables con ellos y  ofreceles un poco de ayuda que, seguro, la van a necesitar.

sábado, 30 de diciembre de 2017

Dos mil diecisiete: Cambalache, problemático y febril


Si hay un momento especial es ese cuando dan las doce y comienza el nuevo año. Nos abrazamos a nuestros afectos y, en un abrir y cerrar de ojos, nos pasa el año que vivimos. Un balance casi involuntario, donde se nos vienen los recuerdos de los mejores momentos y de los peores también. Entonces, murmuramos el deseo más grande, profundo y sincero que tenemos guardado para lo que viene.
Para muchos, este 2017 fue de maravillas; otros, un maldito año. Cada cual hará el brindis a su manera. Es de ustedes y es íntimo.
Pero también nos pasaron cosas a todos por igual, en este país, en este mundo, en Mendoza.
Ahí vamos:
- Despacito escuchamos mientras esperamos en el Paso. Porque el año siempre empieza colapsado. Horas de espera, mientras del otro lado hay un país que sufre y es Chile, que se incendia. Las rutas nos lastiman, tragedias de micros retorcidos con historias de vida. Nos pasa un alud y es en Jujuy.
- Nos quejamos del calor y porque con cada tormenta el túnel se llena (el otro, el que nos queda  cerca). El verano tiene su encanto y es con Pampita y Pico que lo van calentando.
- El mundo lo preside un tal Trump, el de jopo rubio, que habla sobre un muro.
- Acá tenemos playa y es en Luján; el fuego nos quema el ECA y a la Vendimia cuesta sostenerla.
- Comienzan las clases, comienza el año y cada cual busca su lugar. Se vienen las PASO y las elecciones, pero es Rusia lo que nos preocupa.
- Hay ruido en el sur, y gente cortando rutas; un pibe desaparece y por fin vamos por una causa justa. Buscamos a Santiago por todos lados, y lo encontramos... ahogado. Vemos a los impunes descalzos y esposados. Y en la tele transmiten largas horas de “persecuta” y como pierden la libertad algunas figuras. Ella ya no habla de ella: juega el juego con las fieras.
- La gente vota y hay elecciones. Marchas y contramarchas, pidieron perdón por los discapacitados y no quisieron con los jubilados. Afuera lloran los atentados. En Barcelona, Manchester, Las Vegas  no sabemos cómo parar tanta mierda. De pronto la naturaleza: Irma y María nos ponen en alerta. El Papa avisa que viene cerca y en Mendoza los curas aterran.
- Rusia es Mundial y un pasaje con regreso abierto es nuestro destino. Felices los cuarenta millones de argentinos.
- Lilita en  la cima, Pichetto se consolida; acá los legisladores rompen rutina y pegan faltazos (reclamando atención, algunos ignorados). La Corte que no se corte… receso sin esfuerzo. Paritarias y presupuesto todo bajo acuerdo. La mona Cecilia encontró una guarida. Fue hace un tiempo pero no se la olvida.
- Lo que no olvidamos es a ellas, a las que golpean hasta que mueran y tampoco a las que no están y esperamos respuestas.
- Las tragedias es lo que se recuerda, y las cosas lindas cuestan mantenerlas... Vino Sabina (permítanme esa licencia).
- Eclipses y lunas llenas. Los hashtag marcan tendencia
- Por acá, calles cortadas y pocas promesas, y en el país la inflación se da en conferencias.
- Si los números hablan, el 44 duele hasta el alma y la 127 nos abraza con esperanzas.
- La grieta (esa maldita grieta) que siempre está viva para que duela. Destrozan una plaza y tiran piedras. La jornada calienta y la razón no se encuentra.
Y es con el dolor que aprendemos y llegará el día que nos demos cuenta de eso
Pasaron tantas cosas y acá estamos: de pie esperando el nuevo año.
¡Feliz 2018

jueves, 7 de diciembre de 2017

Puede pasar

Le pareció escuchar un grito, en realidad le pareció escuchar la voz de doña Nelly, su vecina, pero con el tema de J Balvin en sus auriculares, no estuvo muy segura. Además, otra vez, se le hacía tarde para ir a la facultad.
Era cerca de las 10 de la mañana, caminó por la vereda y de reojo, miró la casa de Doña Nelly,  vio la puerta entre abierta y le llamó la atención, debe estar regando las plantas, allá en el fondo. Después paso, se dijo para tranquilizarse, si me paro ahora no me suelta más, contando todas las novedades del barrio y está vez en serio tengo que llegar temprano. Todo eso pensó Lula mientras subía al 112, que pasó en horario,  completando la armonía de esa mañana, de una cobarde primavera.
Se sentó en uno de los asientos de la primera fila y otra vez,  puso andar la canción que tanto le gusta bailar los sábados, con las amigas. En la próxima parada, subió un muchacho agitado y con una mochila roja, ella lo miró y pensó que no era la única en llegar tarde a todos lados. También, le llamó la atención la mochila, roja y  con tantos bolsillos .Su dueño, disimulando el apuro, comenzó a  buscar, sin éxito plata para pagar el pasaje.Luego miró a todos y pidió casi tembloroso si alguien podía pagar el boleto. Aparte del chofer, desconfiado, que insistía en que se baje y una señora que le murmuró algo nada bueno a su hijo; los demás no hicieron nada. Suficiente para que Lula, como la elegida y con la fuerza necesaria, saltara de su asiento con un puñado de mondas en la mano para decir: Yo te pago.
-Gracias, muchas gracias, dijo el chico.
Y se animó a suponer que, seguro venía corriendo cansado y con ganas de llegar a su casa. Desde hace un tiempo, en Facebook había muchas de  historias como estás, que  sus amigas contaban con orgullo. Lula, sabía que si le pasaba algún día también lo haría. Y ese día, era ahora. Se sintió conforme con ser solidaria, la buena acción de hoy,  se dijo, ya en clase esperando al profesor y también, a ese chico que  tanto le gusta, que había prometido sentarse a su lado. Lindo día, sin culpas y con la seguridad que nada podría arruinarlo.
Lula volvió más tarde de lo habitual al barrio. Después de clases, se reunieron con amigos a tomar algo. La acompañaron a la parada del autobús y volvieron las canciones a su lugar y otra vez a cantar y soñar.
Fue todo tan  extraño. Inmediatamente, bajó del transporte, el aire la recibió de otra manera. Se hizo tan presente, que su corazón comenzó a palpitar muy fuerte. Caminó la cuadra de su casa con miedo,  no sabía bien por qué. Y como esas relaciones absurdas que la mente hace, sin saber, recordó pasar por doña Nelly para ver si necesitaba algo. Cada vez que se iba acercando el paisaje cambiaba lentamente, un auto de la policía en la calle, como improvisando una vigilancia innecesaria y vecinas, demasiadas, en la vereda casi pisando el jardín con una mezcla rara en la cara de dolor y asombro.
-¿Qué pasó?  Le preguntó a unos chicos, sentados en la calle.
-Entraron a robar esta mañana a doña Nelly, parece que fue cuando ella abrió  el portón, se mandaron y la molieron a palos, hace un rato falleció.
Lula quedó inmóvil, su corazón ahora no latía fuerte, era lento pero intenso, rápidamente su boca se secó y se juntaron los pensamientos con lo que decía: -Doña Nelly… pero no si yo… justo esta mañana pasé… las plantas, la puerta… estaba apurada, quise pero no pude… balbuceaba y los demás no entendían.
-¿Pero cómo fue, se sabe quiénes fueron?
-Ya te dijimos le dijo el más grande, la desfiguraron, le robaron la plata y  escaparon. A ese no lo atrapan más. Digo ese, porque parece que fue uno solo. La única pista que hay es de Don Rosales, el jardinero, que pasó en bicicleta y  vio a un chico que salió caminando como si nada para luego empezar a correr- Y dicen que se subió al 112

-Sí, ese - dijo el más chico del grupo-  en el que vas a la facultad. ¿No viste nada? El flaco llevaba, una mochila roja