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lunes, 8 de febrero de 2021

Una ciudad libre de Covid

 


Puede ser un slogan interesante para atraer turistas, pero no hace falta porque llegan solos. Entonces, la ironía toma fuerza porque sabemos que nadie se salva de esta pandemia.

Como sanrafaelina afincada varios años en la capital debo confesarles que algo de orgullo me queda y ver que San Rafael es y será -por mucho tiempo- el lugar elegido por los turistas; está copado.

Hace unos días fui de visita. La larga y constante fila de autos cargados (como un camino de hormigas marcando el tesoro, eligiendo el mismo destino), para mí fue emocionante. Después de tiempos tan complicados donde la economía se resiente tanto, poder ser testigo- y parte- de un poco de movimiento y consumo, es esperanzador.

Porteños pidiendo carbón, niños tomando helados, adolescentes buscando aventuras y hasta los mismos habitantes llegando con reposeras y heladeritas al recién estrenado boulevard de la calle Rawson visten a una ciudad que -para algunos insatisfechos- solo le falta el mar para ser perfecta.

Todo eso como una postal de la entrada al paraíso que siempre (nos) jactamos y que está ahí en el corazón mismo de Mendoza, para disfrutarlo.

Pero, y lamento, no hablaré de turismo aunque promediando el texto lo pareciera. Mi razón de estas líneas es contarles lo olvidado que está el uso y costumbre del barbijo en eso lares. Ni hablar de rociar con alcohol en gel a cualquier individuo sospechoso y la faltante del “aparatito” que disimula tomarnos la temperatura corporal.

Escasean en todos lados, como si la ruta del coronavirus hubiese marcado un desvío, liberando a la zona y ni los que viven ni sus visitantes se percataran de la tragedia que puede estar al acecho para renacer en cuanto el sol no caliente tanto.

Faltantes de control por parte de la mayoría, si hasta desafían con la mirada mostrando a la vez una sonrisa que nada la oculta.

San Rafael, ciudad libre de covid es casi el slogan que se respira. Si en los bares hay algún frasco con alcohol en gel lo cuelgan abandonado sin dueño ni servicio.

Es tan gustoso el aire y las tardes, que las tormentas siguen siendo el único peligro sobreviviente en esta tierra.

Si me quedaba más días hasta el “tema del verano” conseguía.

Por eso si piensan ir a San Rafael a pasar unas vacaciones, lleven abrigo por si la noche enfría, protector solar para las espaldas y las mejillas.

Pero es muy importante, ahora más que nunca, no olvidar que siguen vigentes las medidas: distanciamiento social, barbijo y las manos limpias.

Y al fin si disfrutar de San Rafel, con todos los cuidados para vos y tu familia, que la ciudad libre de covid aún nadie la conquista.

 

miércoles, 5 de febrero de 2020

Cómo te explico Mendoza en enero

Las noticias cuentan que por estos días hay una gran “afluencia” (palabra usada solo por funcionarios) de turistas en toda la provincia. 
Entonces la pregunta surge como alguna vez, como siempre: ¿qué le ven a Mendoza en enero?
Con 38º de temperatura, un Zonda silbando bajito, el sol pegando como nunca y haciendo al cemento humear -que pisan los que  están de vacaciones y los se quedaron trabajando- a lo perezoso, haciendo de cuentas que el sistema no funciona. Con ese panorama, igual, vemos gente paseando por Mendoza.
Y no me digan que es el Aconcagua porque el hombre no solo vive de la montaña (que pocos la suben atesorando la hazaña).
La ciudad es un infierno de puestos de frutas maduras, naranjas pasadas y bananas oscuras. La alegría se asoma cuando vemos las uvas.
Y si muertos de sed estamos, entraremos a un kiosco para tomar algo. Bajo el control del vendedor, de la mirada inquieta, deberás revolver buscando bebidas frescas  que -por supuesto- no habrá ni ahí ni más atrás de la heladera.
¡Todo cuesta esfuerzo! Nos volvemos modo lento. Arrastramos las penas del Año Nuevo en largas filas  para pagar, para comprar,  en el bar, en el “restorán” y hasta para un chequeo. 
Al mediodía cruzando la plaza, bajo la sombra poco frondosa de una planta, un chico guía reunía a un grupo de turistas. Y en un inglés simpático hizo su descargo: “Estamos aquí en Plaza Italia” "¿Qué?" -pensé cuando pasaba- "¿de verdad quieren conocer, a esta hora, la plaza? Casi les grito "¡Corran buscando guarida, que ni el verde es tan verde cuando las baldosas arden y la fuente transpira!" Si lo único fresco que ofrecía ese día, era la pintada de  “Viva el agua” que una pared decía.
En serio ¿qué le ven a Mendoza en enero? El agua que no tenemos? ¿la que no llueve ni calma, ni inspira? O será lo que nos jactamos de poseer el vino que bebemos, aunque caro lo paguemos... Tampoco, ustedes, turistas, van a estar diez días tomando nuestra bebida. ¿Acaso, alguien va a Brasil solo por la caipirinha?
La provincia es grande y  de maravillosos lugares. Nos cuentan sus proezas los que se dedican al tema. Cada fin de semana un político, con esto se alegra. Y otra vez aparece la palabra “afluencia” para decir que hay gente visitando estas tierras. Hacia el Sur se fueron algunos, otros  quedaron en el Valle de Uco, el Este tiene su encanto, el Oeste el más visitado y por el Norte, entran los que gastan a cuenta, mientras escribo estas líneas para que alguien las lea.
Los mendocinos estamos orgullosos de eso, pero a veces no alcanza para sentirnos plenos. La ciudad por momentos parece vacía. En las esquinas no están ni los que piden propina; ni el malhumorado que se pega a la bocina. En las noches no hay música ni espectáculos a la vista. Los teatros están cerrados y los bares, con cortinas. No hay cine, ni  programas, ni lugares con entrada gratuita. La cultura parece un poco dormida. Y como adivinando que no los necesitan, nuestros artistas juegan a las escondidas. 
Pareciera, entonces, no ser suficiente el paisaje y el vino para aclarar lo siguiente, que sin hacer planteos de adolescente o que sea esta rima algo irreverente, es necesario saldar el misterio urgente, que me digan de verdad, que le ven a Mendoza en enero, la gente.