Esta semana en Argentina murió una personalidad importante de la política, un ex presidente, que como dirían las viejas, partió a mejor vida.
Y acá quedaron sus seres queridos, sus amigos y su pueblo llorándolo como corresponde. Acompañados de esa maldita costumbre, de no querer ver que ante la muerte no hay nada que decir, ni bueno ni malo, los que lo conocían y no tanto, dignaron su despedida con palabras, frases, algunas monótonas, otras sentidas, pensadas y por supuesto dirigidas.
Como parte de un país de luto seguí y observé todo lo que pasaba con el adiós de el ahora animal político, apasionado y militante ex presidente que se fue.
Claro está que en estos casos y ante tan abrumadora exequias obligadamente más mediática, desde hace tiempo es costumbre, que le dediquen una reflexión a modo de decirle lo que en vida pocos se atrevieron.
Así, la gente que lo conoció, colegas, adversarios (todos) comenzaron con las expresiones que iban minuto a minuto formando la personalidad de ese hombre que ya no estaba más.
Pero dentro de ese grupo que decidió expresar lo que sentía también había artistas.
Es que la expresión, la multitud y la correcta difusión son ingredientes apetecibles para cualquier persona que se jacte de mostrar arte.
Pero esta política, la del nuevo mundo, la de este milenio ha caído en ventas, tiene mala prensa y su imagen no es buena. Los políticos ya no venden, pocos les creen y cuesta seguirlos. Entonces ¿estamos parados frente al escenario adecuado para que un artista hoy nos hable de un político?
La política ya no es la misma, no hablo de aquella política cuando hablo de los nuevos políticos
Entonces:
¿Será esta política que vivimos, la adecuada para que se planten frente a un pueblo y defiendan a un gobernante?
¿Será esta política de división, de poder, de sombras, de traiciones, el escenario ideal para, frente a la platea, reciten sus mejores versos?
¿Será esta política de este siglo, donde ganan los ricos y no importan los pobres, la adecuada para que un actor represente su mejor papel?
¿Será la política de estos tiempos tan ruidosa, barullera y tumultuosa la adecuada para apreciar bien el sonido de sus canciones?
Será la política de estos tiempos, oscura, clara, nebulosa la adecuada para que un artista me muestre su luz?
Me confunde, todo esto me confunde porque el arte es expresión y la política es un arte. Pero no creo que los resultados sean buenos, un actor, o una cantante que representa a tantos en una sociedad, menos eso, contando convencido y tratando de convencer, me resulta extraño.
Por más que mi mente trate, no puedo separar el interés personal de esa conjunción. Actores y políticos. No es buena señal. No me deja tranquila pensar que pueden ir juntos, que hablen entre ellos. Yo pueblo, me desvelo me inquieta el creer que pueden entenderse, asociarse, comprenderse. Porque el arte se vive, se siente, se expresa, se come, se toma, se canta, se escribe. Hoy y siempre. La política también y ambas son propios de los seres humanos. Somos políticos pero sin serlo. El que se carga el titulo y cuenta con los votos de la gente, la ejerce y es él el que se transforma, se corrompe, se apodera, se olvida, no escucha, no ve, no siente.
Entonces vuelvo a intentar entender, porque alguien que me hizo feliz o me enamoró sus canciones necesita contar “eso” que siente. Esa seguridad en sus palabras logra conmoverme, un poco, pero vuelve de nuevo el temor de que me estén mintiendo.
No quiero callarlos, simplemente que el discurso sea otro. Es que yo viví igual que ellos, y esa desconfianza ganada sin buscarla, conseguida de a poco, se instala en mí, como cada crisis, cada dolor, cada queja, que seguramente hemos vivido juntos.
Y siento que me aleja, me extraña, y se vuelven irremediablemente desconocidos, de un momento a otro sus lentes oscuros logran cumplir la estricta función que no pueda reconocerlos.
A ustedes, los artistas, les pido un favor encarnen ideales, los de siempre, compongan sueños nuevos. Pero no me hablen de esos hombres, de ellos, de los políticos.
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